Saltar al contenido

LA IRRESISTIBLE SEDUCCIÓN DE LA SRA. GEORGINA

5 min de lectura

Apenas cruzaron el marco de la puerta de la casa de playa, el chasquido del cerrojo retumbó en el silencio de la estancia. La penumbra solo estaba iluminada por la luz azulada de la luna que entraba por los ventanales de la terraza y el murmullo constante de las olas rompiendo a lo lejos.

Yael se pasó una mano por la nuca, buscando una excusa para romper el aire denso y pesado que los envolvía.

—Bueno... creo que ya es tarde, hay que ir a descansar... —alcanzó a decir Yael, pero la voz se le cortó en seco.

Karina se quitó los zapatillas de un tirón, dejándolas caer al piso con un golpe seco. Se dio la vuelta, se cruzó de brazos y fijó la mirada directo en su madre y luego en Yael, con una sonrisa descarada que no le conocían.

—Déjate de pendejadas, Yael —soltó Karina sin rodeos, con la voz ronca por el alcohol y la excitación—. No tienen que seguir inventando mamadas. Los vi en el pasillo del antro.

Yael se quedó helado, sintiendo cómo se le congelaba la sangre en las venas. Gina, en cambio, entornó los ojos y dejó escapar una risita suave, sin dar un solo paso atrás.

—¿Nos viste, mi amor? —preguntó Gina con tono burlón, acomodándose el cabello hacia atrás.

—Los vi completitos —continuó Karina, acercándose a Yael hasta quedar a un palmo de su pecho—. Vi cómo le tenías el vestido levantado a mi mamá y cómo se la estabas metiendo contra la pared. Y si quieren saber la verdad... me encendió como no tienen una puta idea. Me tuve que meter los dedos ahí mismo en la esquina viendo cómo la cogías.

Georgina soltó un jadeo de sorpresa que rápidamente se convirtió en una sonrisa llena de morbo. Caminó hacia ellos y le puso una mano en la espalda a Yael, apretándole los músculos.

—Salió más golosa la niña de lo que pensaba... —murmuró Gina al oído de Yael—. Mira cómo te pusiste de duro nada más de oírla, cabrón.

—Pues si tanto te gusta ver cómo me la da, ven a probarla tú también, hija —retó Gina, bajándole el tirante del vestido a Karina de un tirón, dejando al descubierto sus pechos firmes.

Karina no lo pensó dos veces. Se despojó del vestido de lentejuelas en un solo movimiento y se arrodilló frente a Yael. Le desabrochó el pantalón con manos temblorosas y le sacó la verga, que ya estaba completamente erecta y pulsante. Sin pedir permiso, le metió la cabeza a la boca, tragándosela con desesperación mientras ahogaba un gemido.

—¡Eso, mamacita... chúpale bien esa verga a tu novio! —le echó porra Gina desde arriba, pasándole las manos por el cabello a su hija y pegándose por detrás a Yael, mordiéndole la espalda desnuda—. Mírala qué perra salió tu novia, Yael.

—Abre la boca, Karina... chúpamela toda, cabrona —gruñó Yael, agarrándola de los hombros mientras la embestía en la boca, sintiendo la saliva chorrearle por la barbilla a Karina.

Karina se separó un segundo, respirando agitada, con los labios brillosos y la mirada encendida.

—Toda tuya, papi... pero ven y métemela ya, que traigo la panocha hecha agua desde que te vi cogiendo a mi mamá —susurró Karina, dándose la vuelta y apoyando las manos en el respaldo del sillón de la sala, levantando el culo hacia él.

Yael no esperó más. Se colocó detrás de Karina, le separó las nalgas y la embistió de un solo empujón profundo. Karina soltó un grito ahogado que resonó en toda la casa.

—¡Eso, puta! —gritó Karina entre dientes—. ¡Rómpeme toda como se la rompiste a ella en el antro!

Georgina se arrodilló justo enfrente de su hija, tomándola de la cara para besarla en la boca mientras Yael la cogía por detrás con embestidas secas y rápidas. El sonido húmedo del sexo entre los tres llenaba el lugar, mezclándose con los jadeos y los insultos que se soltaban para encenderse más.

—Mira qué sabroso te la está metiendo tu novio, Karina... —le decía Gina entre beso y beso, bajando sus manos para frotarle el clítoris a su hija—. Siente cómo te llena esa panocha rica.

—¡Sí, mamá... sí! —gimió Karina, moviendo el culo hacia atrás para recibir las estocadas de Yael—. ¡Ponte aquí enfrente que también te quiero chupar las tetas mientras este cabrón me coge!

Gina se acomodó arriba de la cara de su hija, dejándole las tetas a la altura de la boca para que Karina se las mamara con desesperación, mientras Yael le agarraba la cadera a Karina a dos manos, dándole golpes violentos contra el pubis.

—Te voy a dejar bien abierta, Karina... pinche golosa —le gritó Yael al oído, sintiendo que estaba a punto de reventar.

—¡Vente adentro de mi hija, Yael! ¡Llénala de leche! —ordenó Gina, agarrando a Yael del cuello para jalarlo hacia ella y besarlo con furia.

Yael aumentó la velocidad, metiéndosela hasta el fondo a Karina una y otra vez hasta que ella empezó a convulsionar en un orgasmo salvaje, apretándole la verga con la vagina contraída. Yael soltó un rugido sordo y se vino profundamente dentro de Karina, soltando chorros calientes que la hicieron gemir de nuevo.

Cuando Yael sacó la verga, Georgina se tiró de espaldas en el sillón, abriéndose de piernas sin darles tregua.

—Ahora te toca limpiarle la verga a tu novio con la boca, Karina... y luego me toca a mí —ordenó Gina con la voz ronca, mirando a ambos con insaciable deseo.

Karina, aún temblando por el orgasmo y con la leche chorreándole por los muslos, sonrió complacida, tomó la verga de Yael y volvió a metérsela a la boca, dando inicio a una larga noche en la que los límites familiares habían quedado completamente destruidos.

Una foto

Imagen 1 de «LA IRRESISTIBLE SEDUCCIÓN DE LA SRA. GEORGINA»

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Del mismo autor

Más de INVINCIBLEPRIME

Ver perfil