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Un masaje cachondo a una madura casada de facebook.

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Recuerdo que era una tarde soleada cuando mi teléfono susonó. Miré la pantalla y vi que era una solicitud de Facebook de una señora desconocida. Era extraño, pero mi curiosidad se impuso. Leí su mensaje: buscaba información sobre masajes y estaba interesada en un masaje a domicilio. Comencé a responderle, pero mi mente se distrajo con las preguntas sobre el tipo de aceite que utilizaba y cómo era el masaje. Ella me respondió con una expresión coqueta: "Que rico".

La conversación fue fluida. Descubrí que ella era casada y que su nombre era María. Aunque no conocía a ninguna mujer llamada así, me pareció intrigante. La charla se prolongó hasta que quedamos en encontrarnos al día siguiente. Me sentí emocionado, pero también un poco nervioso. ¿Qué podría querer una señora casada de un masaje a domicilio?

Al día siguiente, recibí una foto de María con instrucciones detalladas sobre cómo llegar al lugar. Mi nerviosismo se incrementó; no sabía qué esperar. Finalmente, llegué al lugar indicado, un hotel cercano. Ella me mandó un mensaje preguntándome si ya estaba allí y qué ropa llevaba puesto. Apenas podía contener mi nerviosismo y le respondí con detalles sobre mi atuendo.

María llegó mientras yo estaba a una cuadra de distancia, temeroso de lo que podría suceder. Desde lejos, vi a una mujer hermosa, con un cuerpo impresionante. No pude evitar sentirme sorprendido cuando me saludó y me indicó que la siguiera al hotel. Pagó por la habitación y entramos. No pude evitar notar que, a pesar de su edad, parecía tener un aire juvenil.

Durante la conversación, María preguntó sobre mi experiencia con masajes tantricos. Respondí que no tenía mucha práctica, pero si le interesaba, podríamos intentarlo. Ella accedió, pero con precaución, ya que no quería que la lastimara.

Me quité la camiseta y me quedé en calzones. Me senté en una silla para que María se sentara enfrente de mí. Comenzamos con el masaje de manera profesional. Sus manos eran expertas y su piel suave. A medida que avanzábamos, noté que María se iba relajando. Decidí que era el momento de explorar más allá del masaje clásico.

Ella tenía una piel increíble, y a medida que mis manos se acercaban a sus piernas, percibí un cambio en su tono de voz. Era como si se hubiera transformado en otra persona. Comencé a masajearle las piernas con más intensidad, acercándome lentamente a su ingle. Cada vez que mi dedo pasaba por esa zona, emitía un suspiro.

Finalmente, decidí que era el momento de aventurarme más allá. No pude resistir la tentación y pasé mi dedo por la entrada de su vagina. Estaba sorprendentemente mojada. Empecé a masajearla con más vigor, mientras ella gemía de placer. La masturbación combinada con el masaje la llevó a un clímax inesperado.

Nos mantuvimos en esa rutina durante una hora más. Cuando llegó la hora de mi partida, María me aseguró que me llamaría. Salí del hotel con una mezcla de emociones: alivio, placer y una expectativa por el futuro. No sabía qué esperar de esta nueva aventura, pero estaba seguro de que sería una historia que contarían en muchas sesiones futuras.

Entré en la habitación del hotel y me encontré con María sentada en la cama, esperándome. Su mirada era intensa, y su voz, firme. "Ya que estás aquí, comenzemos con el masaje", dijo. A pesar de mi nerviosismo, intenté mantener una cara de aplomo. "Claro, comencemos", respondí, tratando de parecer más seguro de mí mismo de lo que realmente estaba.

María se acercó a mí y me pidió que me quitara la camiseta. La obedecí, y ella comenzó a masajearme los hombros y el cuello con sus manos expertas. A medida que sus dedos trabajaban, noté que mi tensión empezaba a disminuir. Era un masaje excepcional, y me permití relajarme un poco, permitiendo que sus manos hicieran su trabajo.

Después de un rato, María cambió de táctica y comenzó a frotarme la espalda. Sus movimientos eran suaves, pero decididos. A pesar de que estaba acostumbrado a dar y recibir masajes, la sensación de sus manos era única. Me permití pensar en cómo sería tenerla a mi alrededor, tocándome y explorando cada curva de mi cuerpo.

María notó el cambio en mi postura y decidió cambiar el enfoque. Se inclinó hacia mí y comenzó a masajearme el pecho. Cada movimiento de sus manos enviaba oleadas de placer por mi cuerpo. Aproveché la oportunidad para acercarme más a ella, inhalar su aroma y oír su voz susurrar en mi oído.

Durante el masaje, María comenzó a compartir más sobre sí misma. Me contó sobre su vida como ama de casa y cómo había descubierto su interés por la sensualidad. A pesar de ser una señora casada, no parecía tener remordimientos por explorar su lado erótico. En cambio, parecía disfrutar cada momento de la experiencia.

Cuando llegó el momento de masajear las piernas de María, noté un cambio en su voz. Había un tono de excitación en su voz que antes no había notado. Comencé a masajearle las piernas con más intensidad, acercándome lentamente a su ingle. Cada vez que mi dedo pasaba por esa zona, emitía un suspiro.

Finalmente, decidí que era el momento de aventurarme más allá. No pude resistir la tentación y pasé mi dedo por la entrada de su vagina. Estaba sorprendentemente mojada. Empecé a masajearla con más vigor, mientras ella gemía de placer. La masturbación combinada con el masaje la llevó a un clímax inesperado.

Nos mantuvimos en esa rutina durante una hora más. Cuando llegó la hora de mi partida, María me aseguró que me llamaría. Salí del hotel con una mezcla de emociones: alivio, placer y una expectativa por el futuro. No sabía qué esperar de esta nueva aventura, pero estaba seguro de que sería una historia que contarían en muchas sesiones futuras.
Espero les haya gustado el relato , no olviden de dejar su like

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