LA IRRESISTIBLE SEDUCCIÓN DE LA SEÑORA GEORGINA 3
Tras lo sucedido en la casa, la dinámica entre los tres cambió drásticamente, aunque solo dos de ellos lo sabían. Para Karina, la amabilidad de su madre hacia Yael era simplemente el reflejo de una convivencia cada vez más madura y cercana. Para Yael y Georgina, sin embargo, cada cruce de miradas en la mesa, cada rozón accidental al pasar los platos o cada mensaje discreto por teléfono era una mecha encendida.
Georgina tomó la iniciativa. Sabía que depender de los minutos libres en su casa era imprudente y que Karina comenzaría a notar las coincidencias. Por ello, aprovechando un compromiso de fin de semana donde Karina saldría con sus amigas de la universidad, Gina le envió a Yael una ubicación reservada: la dirección de un pequeño hotel boutique a las afueras de la ciudad.
El viernes por la tarde, Yael llegó al lugar con las manos sudorosas y el corazón latiendo desbocado. Al subir a la habitación asignada y tocar la puerta, Georgina abrió vistiendo un conjunto impecable y elegante que contrastaba con la atmósfera íntima del lugar.
—Pasa, Yael… Aquí no hay puertas que se cierren ni pasos en el pasillo que nos interrumpan —susurró Georgina al cerrar la puerta con llave detrás de él, dedicándole una sonrisa cargada de complicidad.
Apenas la puerta quedó cerrada, Georgina lo empujó contra ella y lo besó con fuerza, metiéndole la lengua sin pudor. Las manos de ella bajaron directo a la entrepierna de Yael, apretando su verga ya dura por encima del pantalón.
—Mírate… llegaste con la verga dura solo de pensar en lo que te voy a hacer —susurró contra su boca, con la voz baja y cargada de lujuria—. Hoy no hay prisa. Hoy te la voy a chupar, te la voy a montar y te voy a sacar hasta la última gota.
Yael respondió agarrándole el culo con ambas manos, apretándolo fuerte mientras la besaba.
—Joder, Gina… desde la última vez no dejo de pensar en tu boca y en lo mojada que te pones.
Ella se rió bajito, un sonido sucio, y lo empujó hacia la cama. Se quitó el blazer con calma, después la blusa, quedando solo en un sostén negro que empujaba sus tetas hacia arriba. Se arrodilló frente a él, le bajó el pantalón y el bóxer de un tirón y sacó su verga, gruesa y palpitante.
—Qué rica la tienes… —murmuró antes de pasar la lengua desde la base hasta la cabeza, lamiendo despacio—. Dime que quieres que te la chupe hasta el fondo.
—Chúpamela, Gina… trágatela entera —contestó él, la voz ronca.
Georgina abrió la boca y se la metió hasta casi la garganta, chupando con ganas, haciendo ruidos húmedos mientras una mano le apretaba los huevos. Subía y bajaba la cabeza rápido, salivando sobre la verga, mirándolo a los ojos cada vez que se la sacaba casi completa solo para volver a engullirla. Yael le agarró el cabello y movió las caderas, embistiéndole la boca con cuidado.
Después de un rato ella se levantó, se quitó el resto de la ropa y se subió encima de él, a horcajadas. Tomó su verga con una mano, la frotó contra su coño empapado y se la metió de un solo movimiento, bajando hasta el fondo.
—Aahh… qué gruesa… me llena completa —gimió, empezando a moverse arriba y abajo, rebotando las tetas frente a la cara de Yael—. Agárrame las tetas… apriétalas mientras te monto esta verga.
Yael obedeció, chupándole un pezón mientras ella cabalgaba con fuerza, el coño haciendo ruidos mojados cada vez que bajaba. Georgina se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en el pecho de él, y aceleró el ritmo.
—Así… fóllame más duro… quiero sentir cómo me abres —ordenó, la voz rota de placer—. Dime que te gusta este coño, dime que es mejor que el de mi hija.
—Tu coño está delicioso, Gina… más caliente, más apretado… me vuelves loco —gruñó él, agarrándole las caderas y empujando hacia arriba para encontrarla en cada embestida.
Georgina se corrió primero, temblando encima de él, el coño apretándole la verga en oleadas. Sin dejarle salir, se bajó, se puso a cuatro en la cama y miró por encima del hombro.
—Métela otra vez… y esta vez fóllame como se debe. Quiero que me dejes el coño goteando.
Yael se colocó detrás, le agarró las caderas y se la metió de un empujón. Empezó a follarla con fuerza, las nalgas de ella rebotando contra su pelvis, el sonido de piel contra piel llenando la habitación. Georgina gemía alto, sin cuidarse, empujando el culo hacia atrás para recibirlo más profundo.
—Más duro… así, hijo de puta… rómepeme el coño —jadeaba ella, una mano entre las piernas frotándose el clítoris—. Voy a correrme otra vez… no pares.
Yael aceleró, embistiéndola sin piedad hasta que ella se corrió de nuevo, el cuerpo temblando. Él la siguió segundos después, enterrándose hasta el fondo y llenándola de semen mientras gruñía su nombre.
Se quedaron unos minutos así, jadeando, todavía unidos. Georgina se giró un poco, le miró con una sonrisa sucia y le besó la boca.
—Esto apenas empieza… la próxima vez te la voy a chupar hasta que no puedas más.
Horas después, la realidad volvió a golpearlos. Mientras se arreglaban para marcharse por separado y no levantar sospechas, el teléfono de Yael vibró sobre la mesa de noche. En la pantalla apareció el nombre de Karina: una llamada entrante.
Georgina se detuvo frente al espejo, acomodándose el cabello, y miró a Yael a través del reflejo con una ceja levantada y una sonrisa desafiante.
—Contesta, hijo… No queremos que mi hija se preocupe —murmuró ella en un susurro provocador mientras se acercaba por detrás y rozaba suavemente los hombros de Yael justo cuando él presionaba el botón de aceptar.
—¿Yael? Hola, amor… Oye, se canceló la salida con las chicas y voy regresando a la casa. ¿Estás con mi mamá? Es que no me contesta el celular —dijo la voz de Karina al otro lado de la línea.
Yael contuvo el aliento, sintiendo la mano de Georgina apoyándose con firmeza sobre su espalda.
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