LA IRRESISTIBLE SEDUCCIÓN DE LA SRA. GEORGINA 2
Los días posteriores al incidente en la sala transcurrieron bajo una atmósfera cargada de expectación. Para Yael, estar cerca de Karina se había vuelto un reto constante: el remordimiento chocaba de frente con la fijación de recordar el aroma de Georgina y el roce de sus manos.
A mitad de semana, Yael volvió a la casa por la tarde. Karina aún no llegaba del trabajo de la universidad, pero la puerta principal estaba entreabierta. Al entrar, encontró a Georgina en el comedor, revisando unas carpetas. Vestía un abrigo ligero que dejó caer sobre la silla al verlo entrar, revelando una blusa sin mangas que estilizaba su figura.
—Llegas temprano, Yael —dijo Gina con una sonrisa tranquila, midiendo cada una de sus palabras mientras se acercaba a él lentamente.
—Karina me dijo que la esperara aquí… —respondió él, tratando de mantener la compostura mientras la distancia entre ambos volvía a acortarse.
Georgina caminó alrededor de la mesa hasta quedar frente a él. La serenidad de su rostro contrastaba con la firmeza con la que le sostuvo la mirada. Sin decir una palabra, llevó una mano al hombro de Yael y descendió despacio hacia su pecho, recordándole la promesa implícita de lo que había comenzado días atrás.
—Sabes que no podemos seguir disimulando cuando no hay nadie, ¿verdad? —susurró ella, acercando su rostro lo suficiente para que su respiración se cruzara con la de él.
Sus labios se encontraron en un beso lento al principio, pero pronto Georgina mordió el labio inferior de Yael y metió la lengua con más hambre. Las manos de ella bajaron directo a la entrepierna de él, apretando la erección por encima del pantalón.
—Mírate… ya la tienes dura solo de tocarme —murmuró contra su boca, con la voz baja y ronca—. Qué ganas me dan de sacártela y chupártela hasta dejarte temblando.
Desabrochó el pantalón de Yael con dedos firmes, bajó el bóxer y sacó su verga, ya gruesa y caliente. La envolvió con la mano y la acarició de arriba abajo, despacio, mirándolo a los ojos.
—Dime que te gusta… —ordenó en un susurro mientras se arrodillaba frente a él.
Sin esperar respuesta, pasó la lengua por la cabeza, lamiendo la gota de precum que ya brillaba, y después abrió la boca y se la metió entera hasta casi la garganta. Chupó con ganas, haciendo ruido, subiendo y bajando la cabeza mientras una mano apretaba y masajeaba sus huevos. Yael soltó un gemido ahogado y se aferró a la mesa.
Georgina se separó un segundo, con los labios brillantes de saliva.
—Qué rica la tienes… me encanta cómo late dentro de mi boca.
Volvió a engullirla, esta vez más rápido, chupando fuerte mientras su lengua giraba alrededor del glande cada vez que subía. Con la mano libre se metió bajo la falda, se corrió la braga a un lado y se metió dos dedos en el coño, mojado y caliente, frotándose el clítoris al mismo ritmo que chupaba.
Después de un rato se levantó, le dio la vuelta a Yael para que quedara apoyado contra la mesa y le tomó la mano. La guió bajo su falda hasta su coño empapado.
—Tócalo… mete los dedos y siente lo mojada que estoy por ti —dijo con voz cargada de deseo.
Yael obedeció, deslizando dos dedos dentro de ella mientras el pulgar le frotaba el clítoris. Georgina gimió bajito contra su cuello, moviendo las caderas contra su mano, y al mismo tiempo volvió a agarrarle la verga, masturbándola con fuerza, con la palma resbaladiza de saliva.
—Así… más fuerte… quiero correrme en tus dedos mientras te la chupo otra vez…
Se arrodilló de nuevo, sin dejar que él sacara los dedos de su coño, y se tragó la verga otra vez, chupando con más urgencia, gemiendo alrededor de ella cada vez que los dedos de Yael le daban en el punto exacto.
El sonido de un automóvil estacionándose en la entrada quebró el momento. Ambos se reacomodaron rápidamente. Georgina tomó una de las carpetas de la mesa con total naturalidad justo cuando la puerta principal se abrió y Karina entró saludando alegremente.
—¡Hola a todos! Perdón por la tardanza, el tráfico estuvo horrible —dijo Karina dejando sus cosas en el perchero.
—No te preocupes, mi amor. Yael acaba de llegar hace un momento y me estaba ayudando a recoger estos papeles —contestó Georgina con voz firme y afectuosa, guiñándole un ojo sutilmente a Yael sin que su hija lo notara.
Yael asintió, intentando controlar el ritmo de su corazón mientras el contraste entre la inocencia de su novia y el juego de Georgina dejaba claro que no había vuelta atrás.
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