Saltar al contenido

LA IRRESISTIBLE SEDUCCIÓN DE LA SRA. GEORGINA 12

3 min de lectura

La penumbra de la recámara principal de la casa de playa aún guardaba el eco de los jadeos y el temblor de la sesión anterior. La luz de la tarde se filtraba débilmente por las rendijas de las persianas, dibujando sombras alargadas sobre las sábanas empapadas de sudor. Karina seguía recostada sobre el borde de la cama, con la respiración entrecortada y la mirada perdida en el techo, saboreando el cansancio delicioso de su propio orgasmo.

Yael, de pie junto a la cabecera, se cruzó de brazos con una expresión de mando absoluto. Sus ojos oscuros recorrieron el cuerpo de Karina antes de posarse en Georgina (Gina), quien se había apartado unos pasos, con el pecho subiendo y bajando de manera acelerada, sabiendo perfectamente lo que venía a continuación.

—Muy bien, Karina —dijo Yael con voz ronca y cortante, señalando a la mujer mayor con un movimiento de barbilla—. Ya jugaste tu parte. Ahora te toca devolverle el favor a tu mamá. Demuéstrale qué tan sumisa y dispuesta estás frente a mí.

Karina parpadeó, con una mezcla de sorpresa y un morbo inmediato recorriéndole la columna. Giró el rostro y se encontró con los ojos de Gina, que la miraban con una mezcla de autoridad madura y el mismo apetito voraz que no se había saciado. Sin dudarlo un segundo, Karina obedeció la orden de su amo; se deslizó sobre las sábanas y gateó por el colchón hasta quedar postrada entre las piernas abiertas de su madre.

—Órale, mamá... abre bien las piernas y enséñame cómo se deja consentir una verdadera señora —susurró Karina, con los labios todavía húmedos y una sonrisa perversa, mientras le separaba los muslos a Gina con ambas manos.

Georgina soltó un suspiro pesado, apoyando la cabeza contra las almohadas y agarrándose de las orillas de la cama mientras sentía la mirada pesada y fija de Yael sobre ellos.

—A ver si es cierto que aprendiste algo, hija... no me vayas a decepcionar frente a tu novio —retó Gina con la voz quebrada por el deseo, arqueando ligeramente la cadera para invitarla a acercarse.

Karina no se hizo esperar. Inclinó el rostro y presionó su lengua con fuerza contra la entrada empapada de su madre, comenzando un ritmo voraz, húmedo y sin contemplaciones. Gina emitió un gemido largo y gutural que llenó toda la habitación, clavando los dedos en el cabello revuelto de Karina para guiar sus movimientos, obligándola a meter la lengua más hondo mientras las embestidas orales se volvían cada vez más sucias y desesperadas.

—¡Eso es, Karina... lamenla bien, que se note quién manda en esta casa! —bramó Yael desde arriba, disfrutando del espectáculo de ver a madre e hija completamente entregadas a sus caprichos—. Y tú, Gina, no cierres los ojos ni dejes de mirar cómo tu propia hija te hace venir.

Gina abrió los ojos de par en par, con la mirada inyectada de lujuria fija en Yael mientras sentía los dedos de Karina abriéndole los labios y su lengua succionando su clítoris con una furia desatada.

—¡Ay, Dios... maldita sea, Karina, qué rico lo haces!... ¡Yael, mírala, me está volviendo loca! —gritó Gina en un eco ahogado, perdiendo el control de su cadera y comenzando a sacudirse al ritmo de las embestidas con la lengua que su hija le propinaba sin piedad.

Los sonidos de los fluidos y los jadeos superpuestos de ambas llenaban cada rincón del espacio, cerrando el ciclo de una tarde intensa. Cuando ambas se separaron, jadeantes y con la piel febril, Yael se inclinó sobre ellas con una sonrisa calculadora. Tomó a Georgina del mentón y le dio un beso profundo, posesivo y cargado de saliva, antes de girarse y hacer lo mismo con Karina, devorándole los labios con rudeza bajo la atenta y excitada mirada de la madre.

—Y ahora, para que les quede claro de quién son las dos... bésense entre ustedes frente a mí —ordenó Yael con voz helada y autoritaria, recostándose en el respaldo de la cama.

Sin vacilar, Gina y Karina se unieron en un beso hambriento y desesperado, mezclando sus alientos y sus sabores mientras Yael observaba el espectáculo con una sonrisa de absoluta satisfacción.

Una foto

Imagen 1 de «LA IRRESISTIBLE SEDUCCIÓN DE LA SRA. GEORGINA 12»

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Del mismo autor

Más de INVINCIBLEPRIME

Ver perfil